Mis primeros años de vida.
Todo comenzó un 7 de Abril del 1992, que fue el día en el que yo nací.
Pasaron los días, los meses, los años...
A decir verdad, pasé una buena "infancia", mis padres hacían
todo lo posible para hacérmela perfecta... Hasta que llegué a los diez años. Mi
padre desapareció sin decir nada, puesto que comenzó a jugar en los casinos,
dejándonos así una deuda bastante cara de pagar. Cuando mi madre se enteró de
lo que él nos hizo, cayó enferma y tuve que ocuparme yo de todo, tanto el los
quehaceres de la casa, la combra y sobre todo de buscarme un trabajo, aunque
fuera de medio tiempo ya que tenía que asistir a la escuela. Por culpa de
aquella deuda me costó graduarme, más de
lo que yo misma imaginaba. Aparte de que nunca tuve a nadie en esa edad que
pudiera ayudarme, ya que mi única familia era mi madre y vivíamos en un pueblo
de Hokkaido, un lugar muy apartado de mi supuesta familia que vivía en Tokio.
Al vivir tan lejos de nosotras, nunca venían a visitarnos y tampoco se
enteraron de la enfermedad que tenía mi madre o eso era lo que creía... Aunque
cuando era pequeña, muy pequeña, vinieron una vez y me dijeron que nunca iban a
volver a visitarme porque decían que mi padre era un ser mitológico y les daba
miedo, aunque él tuviera apariencia humana.
Cuando pasaron seis años, decidí dejar los estudios para ocuparme mejor
de lo que ya lo hacía en esos momentos, a mi madre enfera, hasta dejé el
trabajo de medio tiempo que tenía, para buscar uno a tiempo completo.
Al encontrar aque trabajo, yo no tenía ni idea sobre lo que era ser
"horneadora", ya que era el único trabajo que tenía disponible en ese
entonces y no sabía en donde me estaba metiendo, aún así continúa hacia
adelante, cogiendo aquel puesto de trabajo que me habían ofrecido.
Ese día, cuando llegué a casa, encontré a mi madre peor de lo que estaba
y que yo hubiera imaginado, así que decidí llevarla al hospital más cercano que
había en ese pueblo, aún sabiendo y siendo consciente de que el más cercano
estaba a unos quince minutos de donde yo vivía.
Nada más llegar al hospital, nos atendieron rápidamente y nos dijeron que la tenían que ingresar, así
que acto seguido lo hicieron. Pasado una media hora, salió uno de los médicos y
se dirigió hacia donde yo estaba sentada, que era cerca de aquella habitación.
Cuando lo vi acercarse, me levanté bastante rápido y una vez que llegó, sus
palabras fueron: "¿Usted supongo que es la mujer que acabamos de ingresar,
verdad? Bueno, creo que lo eres, porque te pareces muchísimo a ella. Tengo que
comunicarte que tú madre padece de cáncer, así que no le queda mucho tiempo de
vida, quizás 1 o 2 años". Cuando aquel doctor dijo aquello, me miró y
se fue sin decir alguna palabra. Tras escuchar aquellas palabras me derrumbé
por completo y caí al suelo de la impotencia que tenía, sin poder evitar
llorar.
esa noche la pasé allí en el hospital, al lado de mi madre, sujetándole
las manos con una de las mías propias, mientras las lágrimas recorrían mis rosadas
mejillas, pronunciando en esos momentos: "Mamá, no me dejes sola, mamá yo
te quiero, por favor señor no se la lleve".. Y más frases de aquel tipo.
Pasaron los meses, los años... En ese entonces ya tenía cumplidos los 18
años y por lo visto y me dijeron los médicos a mi madre ya solo le quedaban
pocas semanas de vida.
Todo ese tiempo fui amable, simpática con todo el mundo, ayudaba en toco
lo que podía y hasta llegué a ser empleada del mes.
Justo pasaron dos semanas y fui al hospital, iba muy feliz, con una
sonrisa dibujada en mi pequeño rostro, hasta el punto de estar tarareando una
canción, todo eso fue porque pude comprarle a mi madre un ramo de hermosos
lirios morados, pensando en que no quería que se acabara esa felicidad que se
acaparaba sin querer dentro de mí. Cuando llegué a aquella habitación donde mi
madre siempre se encontraba, abrí la puerta con aquella sonrisa en el rostro.
Cuál fue mi sorpresa al encontrarme a aquella enfermera junto a mi
madre. Aquella sonrisa que yo mostraba, poco duró.
Cuando conseguí llegar a la camilla, la enfermera me miró y también me
explicó lo que había sucedido en aquellos momentos que yo no me encontraba. En
resumen mi madre había muerto. Tras escuchar aquellas palabras que salían de
los labios rosados de la enfermera, solté en seguida el ramo y lo dejé caer,
cayendo yo misma después de la impotencia que tenía encima. En ese momento, la
enfermera tras verme caer, vino y me levantó como pudo, ayudándome a sentarme
en la silla que estaba junto a la camilla, donde el cuerpo de mi madre se
encontraba. No pude contenerme las ganas de llorar que tenía, así que le ped´a
la enfermera un favor, que me dejara sola durante unos instantes. La enfermera
me dijo: "De acuerdo" y abrió la puerta y tras irse la cerró. Cuando
escuché que la enfermera se había ido, comencé a llorar como nunca en mi vida
lo había hecho.. Posé las manos sobre aquel cuerpo que se encontraba rígido y
algo frío, el cual pertenecía a mí madre. Al poco rato me levanté y puse el
rostro sobre aquellas manos que a pesar de estar frías, todavía se veía del
color blanco con algún que otro toque rosado, que era el color de cuerpo que
tenía mi madre.. Sin querer, eché a llorar sobre ellas, salpicando las manos de
mi madre de aquella agua salada que salían de mis ojos. A los pocos segundos,
sentí como una luz brillante se acaparaba de toda la sala, entonces me retiré
del cuerpo y me quedé fijamente mirando todo el lugar, justo en frente de mí,
vi como una carta quedaba flotando, así que lo cogí y lo abrí sin pensarmelo
mucho. Esta carta decía lo siguiente:
"Moka, soy yo, mamá, quería decirte que aunque tu me veas de esta
forma, humana, debo de decirte que en realidad soy un ser mitólogio llamado
gorgona y no tú padre como la familia creía. Simplemente decían que era él,
porque no querían que te separaran de mí, para que así al menos tuvieras cariño
maternal. ¡Ah! Se me olvidaba decirte que cuando justamente cumplas los
diecinueve años, tú serás una gorgona como mamá. Espero que puedas perdonarme
por ésto, ya que no te lo dije antes. PD: En realidad lo de cáncer era una
tapadera, lo que pasa es que yo les dije a los médicos que te dijeran eso,
porque yo no me armaba de valor para decirte a ti, lo que en realidad me pasa.
Lo entenderás cuando seas más mayor. Te quiero mucho, nunca me olvidaré de ti
Moka..
Himeka."
Tras leer aquella carta, continué llorando, día sí, día también.
Pasaron los meses y los días, hasta que llegó el día de mi cumpleaños,
en el que cumpliría los diecinueve años. Ese mismo día dejé de llorar, porque
decidí afrontarme a la realidad, dejando atrás los días de lloriqueos y
comenzar una nueva vida. Tras decir aquello, me levanté corriendo de la cama y
decidí ducharme, después de ducharme me vestí y salí a comprarme algunas cosas
que me hacían falta.
Tras volver a casa, encontré que al lado del buzón había un paquete, así
que lo cogí y entre en la casa con el. Deposité las llaves sobre un cenicero
con forma de flor y después me encaminé hacia al salón. Tras llegar al salón,
me senté en el suelo y me dispuse a abrir el paquete, pero antes de abrirlo, lo
miré y comencé a darle vueltas, para mirar por todas las caras, a ver de quién
era el nombre de la persona que lo enviaba, pero no tenía remitente alguno, lo
cual me extrañó bastante. Aún confusa decidía abrir aquel paquete del que salió
una carta. Cogí la carta, la cual cayó al suelo y acto seguido la abrí, ésta
carta decía:
"Moka, cuando tengas
diecinueve años, tu madre no estará porque su cuerpo no aguantará más tiempo,
pero me dijo que te diera éste pequeño collar que podrás encontrar dentro del
paquete, para que tú, te hagas cargo de el.
Misaki,
tu tía."
Tras haber leído aquella carta, me conmoví un poco, ya que, como nunca
tuve noticias sobre aquella tía, me alegré bastante.
Cuando solté la carta, la dejé sobre caer sobre el suelo y cogí el
paquete nuevamente, posándolo ésta vez sobre mis piernas, la parte de los
muslos y miré dentro, efectivamente ahí estaba aquel collar que la tía Misaki
mencionaba en la carta. Metí la mano dentro y lo saqué, ya fuera, lo miré bien,
viendo todas aquellas perlas de un tono nacarado. En cuanto lo tuve en mis
manos, sentí que mi vida iba a dar un giro de trescientos sesenta grados. Podía
sentir que mi destino, mi vida y mi cuerpo iba a cambiar bastante.
-The End-
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